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ROMANOS

Estudiar sin pensar es inútil. Pensar sin estudiar, peligroso.
(Confucio)



En esta semana en la que parece que el fervor religioso sale disparado por los poros de la piel y empapa a cualquiera que se pase por las calles de alguna localidad española, en la televisión nos siguen deleitando con algunas películas de romanos de las que, reconozco, soy fan. Por la mañana pude reírme con las necedades de Nerón (Peter Ustinov) y su inexistente talento para las artes en el clásico Quo vadis?; además de deleitarme con el cinismo mordaz de su consejero Petronio (Leo Genn), mi personaje preferido en esta extensa película. Mediante la dialéctica se llevaba al majara emperador a su terreno; cuando no pudo ser así y se dio cuenta de que había perdido, reunió a sus más cercanos amigos para despedirse de esta vida. “No sólo hay que saber vivir, también hay que saber morir”, le dijo a su esclava, enamorada de él y futura heredera si no llega a ser porque prefirió suicidarse también. La figura del gobernante rodeado de pelotas es común en la historia, y de algunos que se creen artistas, también. Para desviar las culpas del incendio de Roma se busca a un enemigo, por aquel entonces los cristianos. En nuestra historia contemporánea fueron los judíos, los comunistas, los liberales… El eterno retorno.

Luego, por la tarde, qué mejor que ver una película de Stanley Kubrick protagonizada por el excelente Kirk Douglas: Espartaco. Con diálogos menos irónicos que Quo vadis?, a mi humilde entender, las luchas de poder también son típicas. El senador Craso (Laurence Olivier) buscando instaurar una dictadura en nombre de la patria, usando el soborno y cualquier peripecia para ello; enfrente, otro senador, Graco (Charles Laughton), cuyas palabras más o menos textuales, hablo de memoria, de prefiero una república corrupta que asegure la libertad para el pueblo, antes que la dictadura que pretende instaurar Craso, me hicieron gracia en estos aciagos tiempos de corrupción política. El mundo está lleno de salvapatrias.
Al final, el poder se impone, y la rebelión de los esclavos queda reprimida de la manera más sutil que sabían los romanos, crucificando a todo el que se ponía por delante.

A veces me paro a pensar en la cantidad de sangre derramada en nombre de la libertad, libertad física para poder ser considerado humano. Ahora la libertad es llegar a la casa ciego de todo a las siete de la mañana y haber molestado al vecindario. Será que hemos evolucionado.

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