Uno siempre se imagina el mal con cara de bestia, olor a azufre, cara deformada, cola, cuernos, colmillos exageradamente grandes… o con cualquier otra característica desagradable capaz de provocar más de una pesadilla. Pero lo que nunca se encontraba entre las posibilidades es que el mal tuviera cara de niño. Hay muchas películas cuyos protagonistas son niños despiadadamente malvados. Hablaríamos, por poner un par de ejemplos conocidos, de “Los chicos del maíz” , película de 1984 basada en un relato de Stephen King, o la genial “Quién puede matar a un niño”, dirigida en 1976 por el maestro Narciso Ibáñez Serrador, director al que admiro y que también nos deleitó con “Historias para no dormir”, serie de Televisión Española emitida a mediado de los sesenta. Los niños, en estas películas, se convierten en unos personajes malévolos, que trasmiten aún más terror al tener una cara de inocencia capaz de neutralizar cualquier intento de combatirlos. Pero para mí, sin lugar a dudas, hay ...